DR. MARCELO HALFON. MIEMBRO TITULAR DE APA
"La pasi贸n del hincha es comparable al adicto"

28/06/2012 17:59hs - Lo afirmó el doctor Marcelo Halfón, medico psicoanalista, al referirse a la pasión del hincha. “Es un sentimiento que se puede homologar a la necesidad de comer, dormir, y al apasionamiento del enamoramiento. No es lo mismo que un simpatizante o cualquier hincha que no ve perturbada su vida. En el fanático la perturbación de su vida es absoluta. se objeto eróticamente investido, soporte identificatorio vital al yo es también el que lo pondrá en peligro de caer al vacío tanático, de quedarse sin representación ni investidura; de quedar hecho “nada”.

AMOR, PASIÓN, SUFRIMIENTO (*)

La relación del sujeto humano con la divisa emblemática le permite ubicarse en cuatro posiciones posibles: simpatizante, hincha, fanático e indiferente. Dejo por el momento de lado las categorías simpatizante e indiferente (las que mencionaré en las consideraciones finales) para centrarme en las de hincha y fanático. Estas categorías tienen la característica de ser muy móviles y dinámicas, por lo que un mismo individuo puede atravesar “estados” o “momentos” hincha o fanático en diferentes circunstancias vitales. Las categorías y/o estados hincha y fanático son asimilables a las relaciones de amor y de pasión (P. Aulagnier, 2 y 3) −con su variante la alienación− respectivamente.

La relación de amor es una relación simétrica, en la que el yo y su objeto mantienen un vínculo de reciprocidad donde placer y sufrimiento guardan un equilibrio compartido por ambos polos de la relación, la cual tiene un carácter privilegiado para ambos, con claro predominio de Eros, donde cabe la agresión (no el odio). La relación amorosa da lugar a la duda, al conflicto, aunque anclada en la certeza compartida de la posibilidad de mutuo placer.

La relación pasional, en cambio, es una relación asimétrica. El yo mantiene un vínculo de necesidad con su objeto. Éste se ha convertido para aquel en fuente exclusiva de todo placer. El yo se piensa a sí mismo como único polo de sufrimiento y supone a su objeto inmune a la posibilidad de sufrir, sólo gozando de un placer extremo del cual él está excluido. Sufro, luego amo, parecería decir. El placer solamente aparece en algún momento en que Tanatos le da tregua a Eros para que aparezca; porque la relación es casi de su exclusivo predominio con posibilidad cierta de llevar al yo a la muerte psíquica y física.

Su variante, la alienación, supone la muerte del pensamiento yoico en aras de gozar de la supuesta promesa de no sufrimiento y no conflicto que le “garantizaría” el objeto alienante al yo. La inmolación de su pensamiento propio es el precio que ha de pagar el yo, cual Fausto que vende su alma al diablo, con tal de preservar la certeza que no de lugar a la duda, la castración. La pasión no tiene tiempos de espera. Su tiempo es el ahora o nunca.

El sufrimiento es un estado del yo dependiente de su deseo de objeto: a mayor necesidad placentera del objeto mayor sufrimiento del yo; en cuanto más aquel le escamotee su presencia a éste o se niegue a compartir la investidura demandada. El objeto en cuestión es al mismo tiempo fuente de placer y efecto de sufrimiento. Esto coloca al yo en un dilema paradojal: huir del sufrimiento con el riesgo de perder el objeto placentero o preservarlo a sabiendas que al mismo tiempo que dispensarle placer le hará sufrir hasta la posibilidad de lo indecible.

Ese objeto eróticamente investido, soporte identificatorio vital al yo es también el que lo pondrá en peligro de caer al vacío tanático, de quedarse sin representación ni investidura; de quedar hecho “nada”.

¿De qué modo?: en la medida que el objeto no cumple con “toda” la satisfacción prometida (y no lo hace nunca), que no da lugar a la esperanza de plenitud que se espera de él, hace “necesariamente” sufrir al yo y por lo tanto le hará iniciar un movimiento de desinvestidura tendiente a huir del objeto fuente de sufrimiento. Y ahí entrará a tallar el grado de tolerancia alcanzable por ese yo al sufrimiento; porque si su tolerancia es baja el peligro de desinvestimiento es alto y por lo tanto también alto el riesgo de predominio tanático.

La relación de Rubén con Racing pasa por momentos eróticos y tanáticos, momentos de hincha y de fanático, al compás de las vicisitudes de sus identificaciones parentales, aunque es el sufrimiento lo que tiñe predominantemente su mundo emocional.

(*) Por Dr. Marcelo Halfón
 

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