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En el marco de las celebraciones por el Gauchito Gil, la Dra. en comunicación Cleopatra Barrios habló sobre la importancia de la figura del Gaucho en sus fieles devotos. “Es un fenómeno muy fuerte, es una santo popular”, expresó
Cada 8 de enero, la provincia de Corrientes se convierte en el epicentro de una de las manifestaciones de fe más grandes de la Argentina: el Día del Gauchito Gil. En esa fecha, miles de devotos de todo el país peregrinan hasta su santuario, ubicado a pocos kilómetros de la ciudad de Mercedes.
El objetivo es agradecerle favores, pedirle protección y rendirle homenaje a uno de los santos populares más queridos y reconocidos de la cultura nacional. Una fiesta en múltiples sentidos.
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En diálogo con Radio Sudamericana la Dra. en comunicación Cleopatra Barrios, quien estudia desde hace casi 15 años la simbología del Gaucho Gil dijo “es un fenómeno muy fuerte”.
“Es un santo popular, y esto lo quiero aclarar, porque siempre desde las religiones o quienes son adscriptos a distintas religiones, sobre todo, la católica cristiana, no es un santo canonizado por la iglesia. Los Santos populares son aquellas figuras que empezaron a ser “todo”, porque incluso, quizás la palabra santo se asocia a una religión o a una religión institucionalizada, pero son prácticas de apropiación popular, que surgen desde los sectores, sobre todo, populares", indicó
En este sentido añadió “la iglesia ha tenido mucho acercamiento desde esa primera visita que hizo el obispo en 2005, empezó a crecer, pero anteriormente tuvo mucho que ver en ese acercamiento Julián Zini, cuando era sacerdote de la parroquia de Mercedes, y un poco ir divulgando el sentido de la religiosidad, el catolicismo popular para la iglesia, entonces lo enmarcaba en ese sentido”.
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Detrás de las cintas rojas, los altares en las rutas y las ofrendas de vino, cigarrillos y comida, hay una historia que mezcla realidad y leyenda. Antonio Mamerto Gil Núñez nació el 12 de agosto de 1847 en Mercedes, Corrientes. Era un hombre alegre, amante de los bailes y las fiestas, y según cuentan, tenía una mirada intensa que imponía respeto.
Trabajó como peón rural hasta que fue reclutado para pelear en la Guerra de la Triple Alianza y en las milicias que enfrentaban a los federales. Sin embargo, la leyenda dice que una noche, mientras dormía, se le apareció Ñandeyara, el dios guaraní, y le advirtió: "No quieras derramar sangre de tus semejantes“.
A partir de ese sueño, Gil decidió abandonar el ejército y convertirse en una especie de justiciero: robaba a los ricos para ayudar a los más pobres, curaba enfermos y defendía a los que sufrían injusticias.
