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Hay una Argentina que funciona bárbaro.
Una Argentina donde los números cierran, las cuentas dan, el déficit baja y la macroeconomía sonríe.
El problema es que cuando uno sale de los números y mira la calle… aparecen algunas pequeñas molestias.
Por ejemplo: Musimundo.
La empresa que durante años estuvo ahí. Vendiendo televisores, equipos de música, celulares, computadoras… esas cosas que alguna vez comprábamos sin tener que entregar un riñón y pedirle permiso al banco.
Bueno, ahora CARSA, la empresa que opera Musimundo, se presentó en concurso preventivo de acreedores.
Deuda: unos 63.500 millones de pesos.
No es que cerraron la persiana y se fueron corriendo.
Todavía no.
El concurso preventivo es justamente el intento de evitar la quiebra.
Pero mientras se intenta evitar la quiebra, se cierran locales.
Porque cuando una empresa empieza a achicarse, generalmente no lo hace porque descubrió una nueva técnica japonesa de minimalismo empresarial.
Lo hace porque no le dan los números.
Y cuando uno cree que el problema es solamente comprar un televisor, aparece Granja Tres Arroyos.
Sí.
La del pollo.
Porque si Musimundo es una postal del consumo, Granja Tres Arroyos es una postal de la producción.
Y ahí la cosa se pone bastante menos simpática.
La empresa suspendió hasta nuevo aviso las operaciones de su planta de Capitán Sarmiento.
Hasta nuevo aviso.
Hay frases empresariales que tienen una elegancia extraordinaria.
“Hasta nuevo aviso”.
Es una manera muy prolija de decir:
“Por ahora, no sabemos cuándo volvemos”.
Los trabajadores recibieron la indicación de no concurrir, salvo que sean convocados.
Y aparecen denuncias sobre retiro de maquinaria y movimientos dentro de las instalaciones.
Mientras tanto, la empresa arrastra una deuda financiera gigantesca, del orden de los 350 millones de dólares, y atraviesa un proceso de reestructuración.
Entonces tenemos dos historias que parecen distintas.
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Una vende electrodomésticos.
La otra vende pollos.
Una tiene locales.
La otra tiene plantas.
Pero las dos terminan hablando de lo mismo:
¿Quién puede comprar?
Porque podemos discutir durante horas sobre inflación, déficit, emisión, reservas, riesgo país, superávit y todas esas palabras que quedan preciosas en una conferencia de prensa.
Pero hay una pregunta bastante más sencilla:
¿La gente tiene plata para consumir?
Porque una economía puede tener todos los indicadores acomodándose…
pero si la gente mira una heladera, mira el precio y después mira su billetera…
la heladera no se vende.
Y si el consumo no se recupera, el comercio se achica.
Y si el comercio se achica, las empresas venden menos.
Y si venden menos, producen menos.
Y cuando producen menos, aparece la palabra que nadie quiere escuchar:
suspensiones.
Después vienen los cierres.
Después los despidos.
Y después aparecen los economistas explicando por televisión que “hay que atravesar el proceso”.
El problema es que quienes tienen que atravesarlo no son los economistas.
Son los trabajadores.
Son las familias.
Son los comerciantes.
Son las empresas.
Y ahí aparece la paradoja argentina:
Tenemos un gobierno que habla de liberar la economía…
mientras algunas empresas están tratando desesperadamente de sobrevivir dentro de esa economía liberada.
Y atención: esto no significa que haya que volver a gastar sin control.
Tampoco significa que toda empresa que entra en crisis sea automáticamente víctima del Gobierno.
Las empresas toman malas decisiones.
Los mercados cambian.
Las deudas se acumulan.
La competencia existe.
Todo eso es cierto.
Pero también es cierto que una economía no se mide solamente por cuánto bajó un índice.
Se mide por cuántas empresas pueden seguir abiertas.
Cuántos trabajadores siguen cobrando.
Cuántas familias pueden consumir.
Y cuántas fábricas siguen produciendo.
Porque si algún día terminamos festejando que la macro está impecable mientras la micro está en terapia intensiva…
vamos a tener un problema.
Musimundo intenta evitar la quiebra.
Granja Tres Arroyos intenta reestructurar una deuda gigantesca.
Una planta queda parada.
Locales que desaparecen.
Trabajadores que esperan saber qué va a pasar.
Y nosotros seguimos escuchando que la recuperación está llegando.
Puede ser.
Ojalá.
Pero estaría bueno que, cuando llegue, toque el timbre.
Porque algunos están esperando hace rato.
Y mientras tanto, en la Argentina de la recuperación…
Musimundo vende cada vez menos.
Granja Tres Arroyos produce cada vez menos.
Y el trabajador…
bueno…
el trabajador hace rato que está haciendo algo que en este país se convirtió en deporte nacional:
esperar.
Esperar que vuelva el consumo.
Esperar que vuelva el trabajo.
Esperar que vuelva el crédito.
Esperar que vuelva el salario.
Y sobre todo…
esperar que alguna vez la famosa recuperación deje de ser una promesa…
y se convierta en algo que se pueda comprar.
Aunque sea en doce cuotas.
Si todavía quedan doce cuotas.
Por Alejandro Flores
