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Viernes 05 de Diciembre de 2025 - Actualizada a las: 08:29hs. del 06-12-2025
¿Qué es la tos convulsa?: cómo reconocerla, prevenirla y tratarla
La tos convulsa, también llamada tos ferina o coqueluche, es una enfermedad respiratoria altamente contagiosa que puede provocar ataques severos de tos y complicaciones graves, sobre todo en bebés. Con la caída de las tasas de vacunación, su reaparición vuelve a convertirse en alerta sanitaria.
La tos convulsa, conocida en el extranjero como “whooping cough” o Pertussis, es una infección del aparato respiratorio causada por la bacteria Bordetella pertussis.
Se transmite con facilidad: al toser, estornudar o compartir un espacio cercano, las gotas con la bacteria pueden inhalarse y contagiar a otros.
Cómo se manifiesta: síntomas y evolución
Al inicio, los síntomas suelen parecerse a un resfrío común: secreción nasal, congestión, fiebre leve, tos ocasional.
Pero tras una semana o dos la enfermedad puede agravarse. Surgen ataques intensos de tos —paroxismos—, seguidos a veces por una inspiración con un sonido característico (“whoop”). En esos episodios la persona puede vomitar, ponerse muy roja o incluso azulada, sentirse exhausta, y los episodios pueden durar varios minutos.
En adolescentes o adultos muchas veces no aparece el “whoop”: solo queda una tos persistente durante semanas.
En bebés, especialmente los muy pequeños, la tos puede no darse: en su lugar la enfermedad puede provocar pausas en la respiración (apneas), dificultad para alimentarse o cianosis.
La tos puede extenderse durante varias semanas, incluso hasta dos meses o más.
Riesgos y posibles complicaciones
En adultos y adolescentes, la tos convulsa suele resolverse, aunque puede dejar secuelas —tales como costillas fisuradas, heridas en vasos sanguíneos de la piel o los ojos, hernias abdominales, incontinencia, fatiga, pérdida de peso.
Pero en bebés —sobre todo menores de 6 meses— los riesgos son mayores: neumonías, infecciones de oído, deshidratación, convulsiones, daño neurológico o incluso la muerte. La hospitalización suele ser necesaria.
Por eso los bebés son el grupo más vulnerable y también quienes más deben estar protegidos.
Prevención y tratamiento
La herramienta más eficaz para evitar la tos convulsa es la vacunación. En la niñez se administra la vacuna combinada (contra difteria, tétanos y pertussis, generalmente conocida como DTaP).
Con el paso del tiempo la inmunidad puede disminuir. Por eso se recomienda aplicar dosis de refuerzo (Tdap) en la adolescencia, en adultos y especialmente en mujeres embarazadas durante el último trimestre de gestación —para proteger al recién nacido.
Si aparece la enfermedad, los antibióticos pueden acortar su duración y reducir la contagiosidad. En casos graves —sobre todo en bebés— puede ser necesario hospitalización.
Además, se recomienda aislar a la persona infectada hasta completar al menos cinco días de tratamiento antibiótico, para evitar nuevos contagios.
Por qué conviene estar alerta ahora
La inmunización contra la tos convulsa logró reducir mucho su incidencia. Pero ante la caída en la cobertura de vacunas —y la demora o abandono de refuerzos—, la enfermedad reaparece en muchos países.
Eso la vuelve una amenaza real, sobre todo para quienes no están vacunados o cuya inmunidad ya cedió: bebés, personas mayores, quienes conviven con infantes.
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