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Policiales

Viernes 06 de Diciembre de 2019

ESTABA PRESO POR TORTURAR A SU EX

"Si lo largan, me mata": el brutal caso del hombre de cinco identidades

Se trata de Cristian Leonardo Aquino, un hombre de 49 años con antecedentes por varios delitos. Gracias al beneficio de una jueza platense, podría salir libre en los próximos meses. El temor de la mujer y el calvario que sufrió durante tres años


“Si lo largan, me matan los dos. Él porque juró que cuando salga libre se va a vengar y la jueza porque le redujo la condena”. Así, sin rodeos, Mariana (su verdadero nombre no será revelado por su seguridad y la de sus hijos de 7 y 4 años) expresa el pánico que le despierta saber que Cristian Leonardo Aquino (49), su ex pareja y el hombre que la sometió a un calvario de golpes, torturas y negocios turbios durante tres años, podría salir libre en los próximos meses del penal donde está recluido gracias a una inexplicable decisión de la Claudia Elizabeth Greco, titular del Juzgado Correccional 4 de la ciudad de La Plata.

Es que, según se enteró en las últimas semanas, la magistrada no convalidó la pena acordada para Aquino, en juicio abreviado, a 6 años de prisión, sino que además, la redujo a un año y 9 meses. Como el acusado está preso desde el año pasado, podría salir libre en los próximos meses o incluso antes, ya que obtendría la libertad condicional debido a que el monto que le faltaría por cumplir es muy poco.

Es por esto que Mariana se animó a contar su historia y visibilizar el caso, en un intento desesperado de pedir ayuda, pues todo lo que vivió cuando estuvo junto a su ex no le deja ninguna duda de que si él sale de la cárcel, su vida corre peligro. “Lo único que tenía que hacer la jueza era convalidar el acuerdo entre el fiscal Lucas Rodríguez Domski y la defensa de Aquino, pero no lo hizo. Y no dio ninguna argumentación. No sabemos qué pensar. Se trata de una jueza sin perspectiva de género. Es lamentable pero vamos a seguir peleando”, dijo a Infobae Darío Witt, abogado Mariana y titular de Casa Pueblo, una reconocida ONG que se encarga de resguardar y asesorar a mujeres víctimas de violencia de género desde hace casi 24 años en La Plata.

La historia, o más bien el horror, que sufrió la mujer al lado de Aquino se remonta a 2014. Ese año, Mariana se acercó a la panadería que tenía el hombre en el barrio de Tolosa para pedir trabajo. No tuvo mayores problemas para entrar y comenzó como su empleada. Prácticamente en el momento, comenzaron a una relación amorosa que desde el principio estuvo marcada por el maltrato y la violencia.

Con el correr de los meses, Mariana se fue involucrando más en los negocios que Aquino llevaba adelante dentro de la panadería y se dio cuenta que la venta de pan, era lo que menos le interesaba a su jefe. Se convirtió en su mano derecha y en medio de golpes, insultos, amenazas y el vínculo violento, la mujer se vio atrapada en un callejón del que no pudo salir.

“Estuve tres años con él. Ya a los seis meses, cuando me quise ir, mostró quién era. Una vez me fui a lo de mi papá y me sacó a punta de pistola. No me dejaba ir porque creía que ‘yo afuera era un peligro’ porque sabía todos los negocios que hacía. Cuando me fui a la casa de mi papá, hizo que me volviera con él. Lo amenazó y me amenazó a mí. También a varios de mis familiares. Cada vez que íbamos a hacer un negocio, secuestraba a mi hija y la retenía para que lo acompañara. La chiquita pasó horas y noches sin dormir siendo tan pequeña (tiene 7 años)”, relató la mujer a este medio.

Cuando habla de “los negocios", Mariana hace referencia a actividades que tienen que ver con la venta de armas. En numerosas oportunidades ella misma se movilizaba con los bolsos llenos de esta mercadería “Usaba la panadería como fachada”, acotó Witt. Todos estos elementos y pruebas fueron aportados a la justicia, como agravante y muestra del peligro que representa Aquino. Sin embargo, la jueza Greco no lo tuvo en cuenta.

“Yo declaré que él transportaba armas. Su negocio era de armas. Me hacía subir y bajar bolsos llenos. Tiene otras causas por robo de terrenos y otros delitos. Esto lo sé porque estuve trabajando con él”. De hecho, según confirmó el abogado a Infobae, el hombre tuvo una causa por robo en que tramitó un juzgado en Bariloche. “Son todos antecedentes que hablan de la gravedad del caso”, agregó Witt.

Las cinco identidades, la golpiza y el entrenamiento militar

Otro dato revelado por la mujer y su representante es que Aquino, para llevar adelante sus negocios, se manejaba con cinco identidades. En algunas oportunidades era Carlos Valdez, en otras Carlos Suárez o un tal Alejandro Torres y hasta se hacía pasar por Bernardino Acosta, el abogado del resto. A veces se defendía el mismo. Acosta defendía a Aquino, Valdez o Suárez. “En un momento también revelé las cinco identidades que tenía para hacer distintos tipos de negocios. todo lo denuncié. En uno de ellos trabajé. Con cada negocio y cada compra que hacía manejaba distinto tipo de identidades. Es un tipo muy peligroso", resaltó Mariana.

La relación ya dejó de ser por completo de pareja. Acá era un vínculo signado por las amenazas de muerte y la brutalidad de todo tipo de violencias contra la mujer. Mariana hizo todo lo posible para escapar pero no lo consiguió. Aquino temía que si la mujer se iba de su lado, lo delataría ante la justicia. Cada vez que ella salía, la seguía con su auto y vigilaba 24 horas a los hijos. De a poco se fue alejando de sus seres queridos y perdiendo su vida. El relato de lo que sufrió estremece y sólo ella, con sus palabras, es capaz de reflejar el calvario.

“Lo que me hizo fue tremendo. Me electrocutó, me pegó, me hizo beber agua hervida con bicarbonato. En el último ataque me tuvo encerrada 8 horas y me torturó, me golpeó con cintos, me lanzó cuchillos, me obligó a tragar y me picaneó por varias partes del cuerpo. En uno de los lugares que lo hizo, después se descubrió que hubo un disparo. Me hundió el cráneo. En una oportunidad, en la calle me sorprendió en la calle y me dio un golpe de puño en la cara. Me desfiguró la cara. Me tuvieron que reconstruir los pómulos y todos sus huesitos. La nariz también. De hecho todavía tengo manchas alrededor del ojo por las secuelas del golpe. En otra oportunidad me aplastó la cabeza contra la pared”, contó.

El hombre usaba a Mariana como carne de cañón en sus negocios. La usaba para que diera la cara. Pero el nivel de violencia era tal que muchas veces la mujer iba con su ropa ensangrentada, producto de los golpes. La tortura era, además de física, psicológica.

Aquino, un ex militar santafesino nacido el 14 de noviembre de 1970 y padre de cinco hijos, sabía de armas. Su actividad dentro de esa fuerza le permitió recorrer el terreno con soltura y aplicar incluso técnicas para favorecer su negocio. Una de ella -relató la mujer- sorprende.

“Cuando lo acompañaba a hacer los negocios, muchas veces iba ensangrentada. Cuando me mandaba hacer un negocio y no salía bien, era una paliza fija. Para hacer que memorizara todos los datos de los negocios me hacía aprendérmelos mientras me obligaba a hacer flexiones y ejercicio. Me hacía que no durmiera. Era un entrenamiento militar. Yo lo conocí cuando fue a pedir trabajo en su panificadora. Era todo un negocio fachada. Después supe todo lo que hacía y que hubo muchas empleadas a las que echó a las patadas y golpes. Lo vi. Yo sólo por estar ahí me di cuenta de lo que hacía. Por eso no quería dejar irme. Temía que lo fuera a delatar”, reiteró.

No podía escaparse. La vigilancia era constante. En una oportunidad fingió haberse reconciliado para poder salir sola a la plaza, pero cuando creyó que podía escapar se le apareció con su camioneta. Un intento más frustrado y la libertad cada vez más lejos. “Siempre estaba detrás mío. A mi hija le puso un transporte escolar especial para vigilarnos y controlarnos”, señaló.

El dramático escape y el pedido de ayuda en Casa Pueblo

Una mañana de diciembre de 2017, Aquino como de costumbre, comenzó a pegarle. Por momentos se cortaba la escala de violencia; iba, venía, trabajaba y volvía y le pegaba. Así durante varias horas.

“Hacíamos las cosas y me pegaba de vuelta. Hasta que en un momento me dice que va a venir un hombre, al que yo le tengo que entregar un sobre y él me tiene que firmar. Cuando me encuentro con él, este hombre no me quiere firmar. Era un abogado, recuerdo, entonces entramos en una discusión, y se enoja conmigo. Cristian, en realidad, Carlos (su nombre falso), me hace dar la cara y decirle que no estaba en ese momento. El hombre mantiene su postura de no querer firmar y quería que yo le diera el papel. Me insultó, salió del negocio y yo lo seguí porque cada negocio que salía mal era una paliza para mí. Empiezo a pedirle que no se vaya, llorando, pero no puede ver mi actitud, ni mi ropa toda manchada de sangre. No se dio cuenta que le estaba pidiendo ayuda. Arrancó su auto y me pisó el pie. Cuando entré de vuelta, le dije a Cristian que el negocio había salido mal”, comentó la mujer.

En ese momento esperó lo peor pero un detalle de tipo doméstico la salvó. Aquino se estaba por meter bañar y, ya desnudo, le recriminó a Mariana el fracaso del negocio. A los gritos la llamó y le dijo que se acercara. Sin embargo, la mujer tomó valor, se negó y huyó. “Él me dice ¿‘cómo que salió mal? ‘Vení para acá’, con tono de que me iba a matar. Yo dije ‘no’ y cerré fuerte la puerta y salí corriendo. Que estuviera desnudo me permitió escapar porque de haber estado vestido, sale corriendo y me agarra. Si no se hubiera estado por meterse a bañar, ese día no la contaba”, dijo la mujer a Infobae.

En ese momento cruzó la calle, golpeada, confundida, y golpeó la puerta de una una farmacia. “No sé cómo lo hice. La dueña me vio sangrando y lastimada y me abrió. Me desvanecí en ese momento. no recuerdo, pero ahí llamamos a la Policía. En ese momento me dieron el botón antipánico y después de algunos días, se me apareció en la casa de la mujer de mi papá, donde me estaba quedando. Ahí acciono el botón y llegó la policía. Cuando estaban los efectivos, se palmearon las espaldas y no pasó nada. Se conocían”, denunció. Ahí es cuando decidió ingresar al hogar Casa Pueblo, presentó la denuncia con todas las pruebas, testigos y tras casi medio año, logró que lo detuvieran.

Con el asesoramiento de Witt y su equipo presentaron todas las pruebas de los daños al cuerpo que le produjo Aquino. Relató los negocios y las irregularidades que cometía como medio de vida. Finalmente, el comerciante fue detenido en junio del año pasado.

"A principios del año pasado llegó a Casa Pueblo esta mujer que estaba escondida con sus hijos y nos pidió ayuda. Estaba muy atemorizada. Tenía lesiones de distinto tipo. Tenía miedo hasta de decir quién la había agredido. Después se animó a decir que el verdadero nombre, Cristian Aquino, porque de hecho lo había denunciado con otro nombre. Es que lo de las identidades es tan real que en una causa de familia encontramos que llegó una notificación, en la que interviene un tribunal familiar y ahí se hace llamar Carlos Valdez. La propia justicia ya tiene los nombres. Con esta información fuimos a la policía, que desplegó un gran operativo porque este hombre, al ser un ex militar, tiene acceso a armas pesadas, y lograron detenerlo por sorpresa en su casa, que era el lugar donde tenía el negocio en Tolosa.

De acuerdo con el auto de detención al que accedió Infobae tras la denuncia de la víctima, Aquino en el momento en que llegaron los efectivos, escondía un arsenal en su hogar de Berisso, en la calle 156 entre 8 y 9. Tenía decenas de municiones de todo tipo de marcas y calibres ocultas en bolsos. También poseía armas.

“Greco redujo la pena prácticamente a la mitad sin fundamento. No solamente eso. Ni siquiera tuvo en cuenta los agravante de los antecedentes, delitos agravados, el caso de que sea violencia de género en sí mismo. No nos llama la atención porque sabemos de otro caso de la jueza en que absolvió a un condenado por el mismo delito. No tiene perspectiva de violencia de género ni le interesa. Sospechamos otro tipo de arreglos”, dijo Witt.

Rechazo de la apelación

Ayer, Mariana y su abogado presentaron una apelación al juzgado correccional de Greco para que revea la situación. Sin embargo, todo terminó en un escándalo. En la sede judicial le recriminaron a la mujer que haya divulgado el caso y no le iban a aceptar el reclamo. Una vez más, la justicia la revictimizó a Mariana y le dio la espalda. Es por esto que elevarán un escrito “a queja” para seguir en su intento por protegerla.

Por lo pronto, Aquino sigue en la Unidad 9 del Servicio Penitenciario Bonaerense en el pabellón destinado a ex agentes de cualquier fuerza de seguridad. Si su defensa pide la libertad condicional, la justicia estaría en condiciones de otorgársela. Mariana tuvo que mudarse nuevamente y su domicilio está reservado.

INFOBAE

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